Una propuesta para transformar los conflictos violentos en Haití

Publicado: 14 junio, 2011 en Uncategorized

Por  GULIN BONHOMME  

Desde la independencia de Haití en 1804  hasta el día de hoy, los conflictos violentos hacen parte del día a día del pueblo haitiano.  Estos conflictos violentos más allá de su resultado de destrucción y de muerte, han dejado huellas psicológicas, políticas, económicas y han contribuido en gran medida al retroceso económico y han  obstaculizado el desarrollo del país. Un país que más de doscientos años después  de su Independencia, sigue siendo el país más pobre del hemisferio americano. Los conflictos en Haití se manifiestan por quemas de edificios públicos, destrucción de carreteras, matanza a grupos por su ideología política, religiosa, secuestros, violencia de género, imposición de formas de conocimiento, desapoderamiento, dominación de los hombres sobre las mujeres y, dominación depredadora de la naturaleza entre otros.

La sociedad haitiana es una de las más desiguales del mundo. Según los datos del Instituto de Estadístico e Informático de Haití (Oficina del Gobierno  haitiano que trabaja en la elaboración de censos y estadísticas), el 80 % de los bienes de producción está en manos del 5 % de la población y la gran mayoría no tiene casi nada. Según los datos publicados por la Organización Panamericana de Salud en el año 2009, el 70 % de la población vivía en condiciones de pobreza, el 46 % de las familias tenían una sola habitación para dormir mientras que el 34% de las familias tenían más de 7 miembros. En este mismo año el Índice de Desarrollo Humano (0,529) representaba el lugar número 146, entre los 177 países estudiados, con una esperanza de vida al nacer de 59, 5 años, un PIB  per cápita  de 1,663 dólares americanos. Estos datos empeoran a partir del terremoto que devastó el país el 12 de enero del 2010, donde murieron más de 250,000 personas y 300,000 heridas. Desde este perspectiva, aunque la violencia nunca se pueda justificar, cuando en una sociedad cuya estructura y forma de actuar de los gobernantes cierra las oportunidades a los pobres y los más vulnerables, que son la gran mayoría,  restringe el derecho a ser propietario de una vivienda o de la tierra para poderla trabajar sin expectativas racionales y sin límites mínimos convenientes y protección, se encuentra en una situación de frustración,  y tiende a recurrir a la violencia como respuesta. Cuando se sabe que  El Estado tiene la responsabilidad de proporcionar y satisfacer los derechos de todos sin ninguna distinción, a pesar de todo, creo y estoy convencido de que la violencia no debe ser la respuesta.

Siguiendo a Francisco Muñoz (2001), se considera el carácter positivo o negativo de los conflictos dependiendo de los medios que son usados para su regulación. En el caso de Haití, la mayoría de los conflictos tienen consecuencias destructivas ya que se regula con la práctica de medios violentos. Creo que no se puede evitar los conflictos, ya que son parte inherente a la vida humana; pero sí;  la violencia, ya que las cosas se pueden  hacer de otra manera. De acuerdo con Vicent Martínez Guzmán (2005), independientemente de las investigaciones empíricas  y los descubrimientos de si la violencia es un instinto, un impulso, o nos la transmitimos por nuestros genes, siempre hay una esfera de responsabilidad por la que podemos pedir cuenta de lo que nos hacemos ya que aparece en la experiencia de la transgresión. Siempre es un ejercicio de nuestra libertad que socava la libertad comunicativa de ejercer nuestros poderes, capacidades o competencias para entendernos. De acuerdo a la Filosofía de la Paz, es desde el reconocimiento de las intuiciones básicas que tenemos de cómo es hacernos las cosas pacíficamente en las múltiples maneras en que podemos concebir el ejercicio de las libertades comunicativas, que somos capaces de usar criterios de denunciar lo que es exclusión, la marginalización, la injusticia o el desapoderamiento de nosotros mismos como desenfreno y de las otras y los otros por la falta de reconocimiento de su poder.

No pretendo ser ningún especialista capaz de dar una receta mágica contra los males que sufre mi país Haití. Como haitiano, he vivido la mayor parte de mi vida en esta tierra que es mía y que amo, y por ello me atrevo a hacer algunas recomendaciones, que supongo, no serán nuevas para la mayoría de ustedes.

  • Invertir en la educación y transformarla de manera que pueda responder a los cambios del nuevo tiempo. El sistema educativo haitiano está obsoleto, sólo se encarga de dar conocimientos y los estudiantes no hacen más que reproducir lo expuesto por los profesores sin ningún juicio crítico. A este sistema no le importa introducir en el mundo los valores y las actitudes morales para tratar de que guíen la acción de las personas.

Para esto se necesita un nuevo sistema educativo basado en ‘’la  educación para la paz’’ que para mí que sería lo más adecuado. Este sistema se basaría en la búsqueda de una concienciación de la persona y de la sociedad que considere la armonía del ser humano consigo mismo, con los restantes semejantes y con la naturaleza como abstracto de esa sociedad. La propuesta de este tipo de educación pretende: a) educar para la autoformación y autoreconocimiento de diversas potencialidades presentes en la condición humana, las cuales deben estar por encima de cualquier pretensión técnica, económica, política o cultural. b) educar para la formación de un pensamiento crítico capaz de desvelar y enfrentar de manera individual y colectiva aquellos discursos con pretensiones ideológicas dominantes que impidan visibilizar las condiciones presentes en las estructuras sociales que requieren ser sustituidas para el fomento de una cultura de paz. c) educar para el fomento de una democracia que facilite el respeto de las diversidades y al mismo tiempo permita construir una sociedad más justa basada en los valores de paz, justicia, solidaridad, igualdad y cooperación.

  • Además de una revolución en el sistema educativo, creo que es importante también trabajar para la erradicación de la pobreza, de las desigualdades, para esto, es importante que el gobierno trabaje la seguridad en general y la seguridad social  como garantía de  una paz duradera, que es para mí una condición necesaria para el arranque y el desarrollo del turismo, un potencial motor del desarrollo económico de Haití.
  • Una inversión en la agricultura para que esto llegue a constituir la plataforma del desarrollo a medio  y a largo plazo del país.
  • El Gobierno debe establecer una política participativa e invertir en la política industrial competitiva con mejores instituciones legales y una administración de aduanas eficaz para facilitar la inversión, así como mejores infraestructuras de transporte y demás necesidades empresariales habituales. Todo esto con la finalidad de reducir la pobreza y contribuir al desarrollo del país.

A pesar de este cuadro lúgubre de la realidad haitiana, los conflictos violentos no deben ser en ningún caso herramientas para resolver los problemas. Lo que debe prevalecer es el diálogo, la cooperación, la negociación. Creo que el inicio de un desarrollo sostenible puede ser un instrumento muy importante para poner fin a los conflictos violentos y empezar a construir un nuevo país donde reina el desarrollo, la democracia y la paz.


		
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